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domingo, 16 de diciembre de 2012

Somos

El cielo es una ráfaga de fuego encendida,
la tierra es una manta de musgo y de hielo,
nosotros somos gotas de agua salada
y besos de brisa marina,
que esperan reencontrarse de nuevo.

martes, 4 de diciembre de 2012

Doctor de doctores

El tiempo, a quien apodan el Doctor de los doctores, es un desgraciado, un galeno sin cédula ni suficiente experiencia laboral (una eternidad profesando no le basta). La dinámica consiste en acudir a él para las causas perdidas del amor, mismas que no siembre serán bien atendidas. En ocasiones lo aborrezco, pero no puedo negar que sí sabe curar, si se lo propone.

viernes, 23 de noviembre de 2012

La sombra

Él estaba solo, realmente solo. Aunque un día comprobó que a ciertas horas del día contaba con una sombra. Entonces ponía a jugarse con ella y a contarle sus recuerdos, la sombra nada respondía, pero le hacía movimientos. Él estaba solo y a veces no comía, el estómago le rugía como león enjaulado. La sombra también tenía hambre, pero seguían conversando. Y un día, justo cuando él le decía a ella que quién sabe, que tal vez estaba enamorado de su figura opaca… ella se lo comió.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Lunes por la mañana

Quisiera ser un lunes...
Lunes por la mañana porque aunque llegaras a odiarme, acudirías a mi todavía, porque si llegaras a cansarte, darías un último esfuerzo, porque aunque cueste mucho trabajo aún así estarías temprano por mí, quiero ser un lunes y quiero ser ese lunes por la mañana para demostrarte que ni aún un lunes... es tan malo.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

martes, 6 de noviembre de 2012

Lenguaje de tos y flemas

Me ocurre que estoy muy enferma. Mis sílabas brotan pegajosas de mis labios, se aplastan sobre los tubos del microbús. Mis ojos se han hecho aún más pequeños y todo lo entornan, todo lo vuelven borroso. Camino lento mientras aprecio el concepto de “tiempo inamovible”. No quiero que nadie se me acerque y los ahuyento soltando un tosido agrio, profundo, que lastima los oídos más sensibles. Y sólo no soy un monstruo porque mi carita pispirieta luce pálida, no horrorosa. Es entonces cuando llegas con tu canto suave diluyendo las flemas del ambiente: “Te quiero mucho, mi niña”, dices. Te veo sin mirarte y escondo el rostro. Sueltas una tos pequeña y perfectamente audible. “Esa tos fue un te quiero, quiero hablarte en tu lenguaje”. Así surge mi sonrisa luminosa, así caminamos de vuelta a casa tosiendo a ratos.